SEGUNDAS OPORTUNIDADES
Todo aprendizaje viene de la
experiencia y también de errar. Si no nos equivocáramos no conoceríamos que es
en lo que podemos mejorar.
Sucede que hay ocasiones desaprovechadas, “trenes” que por
inconsciencia dejamos pasar,…. ¿y qué utilidad tiene encariñarse con algo que ya
pasó de largo?, ¿Qué conseguimos convirtiéndolo en nostalgia o añoranza?
Todos sabemos la respuesta: NINGUNA.
No podemos evitar ese comportamiento, y normalmente, sólo si aparece una emoción/sentimiento que lo sustituya conseguimos pasar página,
soltar lastre o empezar un nuevo capítulo.
Si a toda esta situación añadimos que a veces por miedo, otras por
prudencia o por autoexigencia, pecamos de ‘hacer del camino una cuenta atrás’,
viviendo todo aquello que nos sucede y lo que no con intensidad, estamos
sobredimensionando toda experiencia.
Es cierto que la naturaleza a la que hacemos frente es de carácter
indefinida, progresiva y degenerativa,... ¿Pero no es para el resto de mortales así la vida?, no sólo sucede por tener EM.
La actitud que tod@s más tarde o temprano acabamos asumiendo es que la vida es solo una.
Por lo que todo lo que no sea exprimirla es malgastarla.
Quizás no con la urgencia y presión de ponernos un reloj de arena, con la amenaza que en algún momento acabe nuestro tiempo y con él nuestras oportunidades; pero sí a sabiendas que lo más sano y conveniente es llenar de intensidad los
buenos momentos que se presentan y aprendiendo a no fustigarse por todo
aquello que se desvanezca, al desarrollar la madurez necesaria para no digerirlo como algo perjudicial
y sí con la idea que después de un fracaso, sí somos receptivos y mantenemos una buena actitud, llegan siempre tiempos para una nueva oportunidad.

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