HACER QUE LA VIDA SEA A TU FORMA DE SER Y A SEMEJANZA


¿Suena muy ‘guay’ y ‘a vividor’ tal afirmación no?, pero como todos los que aquí estamos viviendo una realidad común sabemos, que queda muy lejos de ser una verdad y sí ser una utopía; puesto que el ritmo que nos es posible llevar en demasiadas ocasiones no depende de nuestra voluntad ni decisión.
Por un lado ‘damos fluyendo con las emociones, de forma abusiva’ y es normal que exista nostalgia, pero os diré algo que tod@s tendemos a olvidar: Ningún día que este por venir, difícilmente será mejor que el pasado; lo que nuestra mente recuerda y recrea de aquella persona que en su día no valorábamos ser ya no existe, contundente pero exacto, porque vivir del recuerdo de quienes fuimos, propicia que nos olvidemos de dar lo mejor de nosotr@s para escribir ese futuro que solo creamos avanzando en el presente.

Lejos de ser metafísico y trascendental, y sin ser afirmación irreprochable (puesto que cada caso es un mundo), lo que acontece no depende de nosotros (‘no’) pero sí el poder desenvolvernos dando lo mejor de nuestras capacidades.

En lo personal os reconozco mi siguiente temor el cuál siempre tengo muy presente: aquello que sabes que puedes hacer, si un día porque todo conspira para que así sea (realidad personal y familiar) para dejar de hacerlo, puede que pasado el tiempo al volverlo a retomar no dispongas de las mismas facultades y no solo las físicas (también de la motivación) para realizarlo, con la soltura y éxito que recordabas.

Vivimos en una trampa e hipoteca de por vida en la que no existiendo 'verdades absolutas' conviene hacer uso de la previsión, de nuestro “yo” más atrevido en otras y de nuestra firmeza y auto-valoración personal: "Siempre" (es nuestro combustible).
Por el que el lema que como 'mantra' elijo seguir, es el que alguna ocasión he comentado: “nos arrepentimos y cuestionamos por todo aquello que no nos atrevimos a realizar pero rara vez en aquello por lo que tuvimos las suficientes ‘agallas’ para ponerlo en práctica.

Por lo que es recomendable y no temerario afrontar el día a día con el empuje de hacerlo, para forjar nuestro paso en el camino, a sabiendas que si nuestra convicción deja de ser firme corremos el riesgo de hacernos “incapaces” (de no poder afrontarlo con el éxito deseado y con la correspondiente frustración de conocerlo de una forma diferente a la esperada). 



Y cuando nuestra naturaleza nos fuerce a asumir que no nos es posible, mejor no resignarse sin más, recordemos que solo se desprende una capa de nuestra superficie con ello, porque nuestra "esencia" nunca se verá alterada si así decidimos que sea.




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